LA NUEVA JERUSALEN

LA NUEVA JERUSALEN

- in Alfredo de la Llata
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La primera mención de una Jerusalén distinta al centro político y religioso de Israel, se menciona en Gálatas 4:22-31, donde se dice que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava (Agar; Génesis 16:115), y otro de Sara, la que era libre: Estas dos mujeres y sus respectivos hijos representan o son una alegoría de los dos pactos (un pacto: Jehová le hace promesa a Abraham en Génesis 17: 1- 27). El otro pacto proviene del monte Sinaí en Arabia, este es Agar, este es el pacto de la Ley dado por Dios por mano de Moisés, el cual pacto produce hijos para esclavitud, esto corresponde a la Jerusalén actual, que por medio de la ley permanece en esclavitud espiritual. A los creyentes se nos dice que somos hijos de la promesa, de la Jerusalén de arriba, es decir somos creación celestial, para libertad, libres en cristo; por esa razón, Pablo afirma que “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia”. En este sentido, lo que Pablo está explicando es que la Ley del Monte Sinaí, no es para nosotros, sino para los judíos, es decir, para la Jerusalén actual, aunque ahora se les anuncia el evangelio de la gracia, como a nosotros. Nuevamente en Hebreos 12:18-24 se menciona una Nueva Jerusalén, celestial y se dice de nosotros los creyentes que “no os habéis acercado al monte que se podía palpar (el monte Sinaí, bajo el pacto de la ley) sino que se afirma en el verso 22 que nos acercamos a: al monte de Sión (o pacto de gracia), a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos (Apocalípsis 20:15), a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos (ustedes y yo) hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo Pacto, y a la sangre rociada, que habla mejor que la de Abel. Cuando dice que nos hemos “acercado” a la ciudad de Dios, significa que somos los moradores de esa ciudad, que somos parte de ella o que somos ella, ” dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Apocalísis 21:2, 10), La ciudad, Dios y los habitantes de esa ciudad somos uno con el señor. Esto se corresponde con la promesa del Señor Jesucristo que se menciona en Juan 14:2 donde dice “…voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.

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